viernes, 6 de febrero de 2009

Te quiero a ti —balbuceé de forma casi ininteligible.
Sabes que soy tuyo —sonrió, sin comprender aún, e intentó retener mi mirada cuando volví a desviarla.
Respiré hondo y me puse de rodillas sobre la cama.
Luego le rodeé el cuello con los brazos y le besé.

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